¿Podemos asignarle un precio la naturaleza?


Mtro. Camilo de la Garza*


La valoración económica de los servicios ambientales


La economía ambiental es una rama de la economía que estudia los problemas del medio ambiente desde una perspectiva económica. Los recursos naturales, como el agua limpia, la luz solar, el suelo o el aire, son limitados en nuestro uso y aprovechamiento debido a la contaminación, la degradación y la sobreexplotación a la que están expuestos. También se consideran bienes públicos gratuitos. Esto significa que, si no hay reglas sobre cómo utilizar estos recursos, se utilizarán demasiado, condicionándolos en calidad y cantidad. Hay externalidades en el uso de estos bienes, una externalidad es una situación en la que los costos o beneficios de producción o consumo de algún bien o servicio no se reflejan en su precio de mercado. En otras palabras, son externalidades aquellas actividades que afectan a otros sin que estos paguen por ellas o sean compensados. Esto se denomina el problema de los “free riders” (oportunistas). Desde esta perspectiva, la solución es convertir estos recursos en bienes económicos, que se puedan integrar en el mercado. Esto disminuirá el problema de la libertad de conducción (free riding), y dará incentivos para utilizar estos bienes con responsabilidad y moderación. Un ejemplo de ello son los impuestos vinculados a la contaminación, en México el famoso programa vehicular “Hoy no circula". Una legislación adecuada y la observación del derecho de propiedad sobre cómo regular el uso de estos bienes públicos es también otro factor importante para garantizar que las ineficiencias del mercado no resulten.


Nuestras decisiones pueden amenazar la integridad ambiental. Es común observar en las personas comportamientos nocivos frente a la naturaleza, manifestados principalmente por falta de educación y de conocimiento en nuestra interacción con el entorno. Prácticas como el vertimiento indiscriminado de residuos en cuerpos de agua; la tala de bosques, especialmente en las laderas de las montañas; el uso de redes de enmalle fino en la pesca; el comercio de especies de plantas o de animales en peligro de extinción; la tala de manglares para la obtención de carbón vegetal; son algunos ejemplos.


Por esto es importante conocer los principios de la valoración económica cuando se trata de los recursos naturales. En un inicio esto es controvertido. Algunos ambientalistas objetan los esfuerzos para colocar valores monetarios en elementos y atributos del medio ambiente que podrían ser considerados como invaluables. Sin embargo, estos valores son importantes para garantizar que la sociedad no deje de tener en cuenta el valor de la naturaleza al tomar decisiones de política pública o al invertir en proyectos en el territorio y el medio natural. En esta lógica es preponderante que la regulación del gobierno esté bien cimentada, por ejemplo, al desarrollar proyectos de inversión de infraestructura pública estratégica se podría regular para que éstas además de la obligatoriedad de elaborar manifestaciones de impacto ambiental, los proyectos sean sometidos a análisis de costos y beneficios para asegurar que las acciones gubernamentales no empeoren inadvertidamente a la sociedad. Por consiguiente, las estimaciones de los beneficios en el control de la contaminación serán siempre inferiores a los beneficios sociales reales, y la política gubernamental se debilitará crónicamente en los esfuerzos por controlar la contaminación.


En un análisis costo beneficio, el proceso de recopilar información es el que impone mayores retos. Un análisis costo beneficio será válido en la medida en que la información con la que se nutra sea confiable.


Por esto para los tomadores de decisiones y para los promoventes de proyectos de desarrollo, se ha vuelto una necesidad obtener indicadores de rentabilidad financiera, económica, social y ambiental de un conjunto de alternativas o soluciones que restauren, conserven y/o protejan el medio ambiente y los recursos naturales.


A continuación, se enlistan algunos de los métodos de valoración económica para bienes y servicios que se pueden aplicar también a la naturaleza:


Precios de mercado. Este tipo de información sirve para asignar valores económicos directos. Generalmente este tipo de valores son los más fáciles de recopilar, pues existen mercados donde se comercian bienes y servicios que permiten asignar un valor monetario suficientemente confiable. Este tipo de precios se asigna generalmente a actividades directas, por ejemplo, la construcción de infraestructura, el pago de mano de obra, la venta de productos agrícolas, entre otros.


Costo de oportunidad. El costo de oportunidad es el valor económico del segundo mejor uso de un bien o servicio. Por ejemplo, si un terreno se dedicara a hacer un proyecto de reforestación, se dejarían de obtener los beneficios netos derivados de una actividad alternativa, por ejemplo, la agricultura. En este caso, el costo de oportunidad es el beneficio neto de la segunda alternativa más rentable, supongamos que los ingresos por venta de maíz.


Precios hedónicos. Esta técnica consiste en explicar el valor económico de un bien o servicio en función de sus características.


Costos evitados. Este método consiste en cuantificar los costos que se evitan por llevar a cabo un proyecto. Por ejemplo, al establecer una planta de tratamiento de aguas residuales es posible que se reduzcan las enfermedades gastrointestinales por la menor exposición de las personas a este tipo de desechos.


Costo de viaje. Este método revela la disponibilidad a pagar de las personas por algún bien o servicio que no necesariamente tiene mercado a partir de observar los gastos que erogan por ir a algún lugar donde está presente dicho bien o servicio.


Valoración contingente. Este método consiste en cuantificar la disponibilidad a pagar de las personas por disfrutar de un bien o servicio. Por ejemplo, con este método se puede valorar cuánto estaría dispuesta a pagar una población por la preservación de una especie en peligro de extinción.


Una vez conocidos los métodos para valorar económicamente bienes y servicios ambientales, es importante reestructurar los incentivos que enfrentan las empresas y los consumidores de tal manera que puedan movilizar su propia energía e inventiva para hallar formas de reducir sus impactos en el ambiente. Es responsabilidad de todos proteger los servicios y bienes ambientales que nos provee la naturaleza y exigir como ciudadanía la incorporación de incentivos económicos en las políticas ambientales a nivel federal y local.




*Licenciatura en ciencia política en el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM) y Maestría en gestión pública ambiental por parte del Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Monterrey (ITESM).Ha tenido la oportunidad de estudiar y trabajar en

Inglaterra, Cuba, India y Alemania.

Su experiencia le ha permitido utilizar un abordaje de diseño y desarrollo de

políticas públicas e instrumentos de planeación urbana y ordenación del territorio.