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  • Miguel Angel López Varas

Más allá de olas rosas y contra-olas conservadoras

Miguel Angel López Varas*


Cuando Lula da Silva asuma la presidencia de Brasil el primero de enero del 2023, la mayor parte de los países de Latinoamérica (entre ellos los siete con mayor población) tendrán un gobierno de izquierda. Esta nueva ola rosa se ha extendido desde México en el Norte a Argentina y Chile en el sur, incluyendo por primera vez a Colombia. Desde comienzos de este siglo los latinoamericanos nos hemos acostumbrado a estas olas de gobernantes de izquierda, generalmente seguidas por una contra ola de mandatarios conservadores. Más allá de olas de izquierda o derecha, estamos en presencia de una fuerte volatilidad de los electores que es suficiente para mover los gobiernos de la izquierda a la derecha, y viceversa, prácticamente de una elección a la otra. Este fenómeno no es negativo en sí, ya que el mecanismo gobierno-oposición es uno de los pilares de la democracia representativa. Si el gobierno de turno no cumple con su programa, o al menos con las expectativas creadas en el período electoral, la ciudadanía preferirá a un candidato de oposición en los comicios siguientes. Este mecanismo de gobierno-oposición funciona en la medida que la oposición constituya una alternativa real al gobierno, posea la capacidad de asegurar la estabilidad socio-política y pueda procesar eficazmente de las diversas demandas que emanan de la sociedad civil.


El problema emerge cuando el gobierno y la oposición dejan se ser alternativas reales para los ciudadanos por lo que la insatisfacción con la instituciones y actores de la democracia aumenta. Bajo estas circunstancias, el desafío a la democracia representativa vendría de un criticismo permanente y una creciente apatía política de los ciudadanos. El aumento del desencanto comenzaría a horadar las bases de la democracia representativa y a la postre provocaría su colapso en el mediano-largo plazo. La situación empeora si emergen alternativas no democráticas que comienzan a ser favorecidas por una mayoría de la población. Este desafío es más aun peligroso, pues abre las puertas a populismos de izquierda y derecha y al autoritarismo moderno, ese que se presenta como democrático bajo la Ilusión de pluralismo con control estatal y oposición controlada.


Más allá de ilusiones (o desilusiones) por una nueva ola rosa en América latina algunos analistas han adelantado que la verdadera interpretación está en la desilusión con el gobierno de turno o incluso con el hartazgo. De hecho más allá de izquierdas o derechas en las últimas 12 elecciones presidenciales en América Latina se ha producido una alternancia en los gobiernos. Entonces, en lugar de olas de izquierda-derecha-izquierda, sería mejor hablar de períodos de ilusión-desilusión-ilusión.


Los tradicionales problemas que han caracterizado a Latinoamérica como desigualdad, pobreza, delincuencia, estancamiento de sus economías y corrupción, entre otros, se han magnificados por el Covid19. La pandemia de coronavirus ha sido un desastre para la región pues más allá de los contagios y muertes, uno de las más altas del mundo, ha hundido las economías y exacerbado las desigualdades sociales que ya eran de las más significativas del globo.


Sin bien los éxitos de los distintos gobiernos para enfrentar estos problemas son tan diversos como los países que componen Latinoamérica, los desafíos se mantienen. Por otro lado, el desencanto en las instituciones de la democracia representativa (partidos, congreso, poder judicial, presidencia, etc.) ha aumentado en los últimos años. Y donde crecientemente en muchos países, los ciudadanos declaran que no les importaría que un gobierno no democrático llegara al poder si logra resolver los problemas (Latinobarómetro 2020). ¿Estamos en presencia de una creciente indiferencia de los ciudadanos de la región hacia la democracia en su conjunto?: Da la impresión que sí.


Más allá de ese movimiento pendular de los votantes latinoamericanos por gobiernos de izquierda o derecha, el desencanto se está convirtiendo en rabia con los políticos, la desigualdad, la corrupción, la delincuencia y el estancamiento económico. Las lunas de miel de los presidentes electos son cada vez más cortas, y la protesta callejera cada vez más violenta. El boom internacional de las materias primas de la primera década del siglo trajo consigo crecimiento económico y financió cambios sociales en muchos países. La crisis económica mundial, la inflación y los bajos índices de crecimiento plantean un desafío complejo a los gobiernos actuales que se enfrentan a una ciudadanía más empoderada e informada y sobre cada vez más demandante de cambios en el corto plazo.



*Doctor en Ciencia política por la Universidad de Essex, UK. y profesor asociado del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Investigador principal del Núcleo Milenio para el estudio de la Política, Opinión Pública y Medios en Chile (MEPOP).


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