• Mtro. Gerardo Blas Segura

Los movimientos sociales: entre el poder del pueblo y la manipulación de los poderosos

Mtro. Gerardo Blas Segura*


Los movimientos sociales tienen buena imagen. Nos remiten a la idea del poder del pueblo, de su soberanía, de la sociedad que toma el poder y promueve o realiza iniciativas que han sido relegadas, desechadas, olvidadas o ignoradas por las élites. Desde que comenzaron a ser objeto de estudio, los movimientos sociales fueron considerados una forma de organización y de acción que se formaba en oposición a las formas de poder de las élites o aquéllas propias del Estado.


Especialmente a partir de las revoluciones modernas, de las llamadas revoluciones burguesas, y del surgimiento de la noción de ciudadano, es que se ha considerado una opción la organización de esos ciudadanos para luchar por sus derechos, derechos que, por lo demás, tiene todo ser humano desde el momento de nacer. De hecho, la necesaria transformación de súbditos a ciudadanos pasaba por la reivindicación de

los derechos ganados por las revoluciones liberales. Y recordemos que, al inicio de esos regímenes liberales modernos, aunque en el discurso el pueblo era considerado soberano, se excluía a la mayor parte de la población de la participación política; no todo el pueblo era, entonces, soberano, y se tenía que continuar la lucha para ampliar la participación política de aquellos sectores excluidos, del pueblo soberano que no tenía poder: los pobres, los no propietarios, las mujeres, los indígenas. Los movimientos sociales vieron en este tipo de reivindicación política buena parte de su razón de ser: más pueblo, más poder popular.


Para que los movimientos sociales surjan es necesario que existan, pues, ciudadanos, y, entre más numerosos y diversos, mejor. Una característica y facultad de los ciudadanos es que deben ser, en primera instancia, conscientes de sus derechos, y a partir de allí, luchar por ellos, no dejar que sean conculcados por un mal gobierno o por algún sector de las élites. Los movimientos sociales trajeron aire fresco a la política, a la manera de tomar decisiones, de debatir la realidad y de buscar cubrir las necesidades de sectores de la población que, por diversas razones, habían estado olvidados o marginados. Por los movimientos sociales se logró, y se sigue logrando, que las políticas públicas se modifiquen, amplíen sus miras o consideren otros puntos de vista. Han logrado poner en la mirada fenómenos que no se reconocían o se ignoraban, se ha logrado no sólo visibilizar la gran diversidad de la sociedad y de sus demandas, y no sólo frente al Estado, sino frente a la sociedad misma. Estos movimientos han logrado que el Estado y la sociedad acepten la necesidad de cambiar formas de pensar y formas de actuar.


Hay distintos tipos de movimientos sociales, porque éstos recuperan las nociones de diversidad y tolerancia, propias de las sociedades occidentales modernas, y se mueven en ese contexto. Los movimientos sociales pueden tener objetivos muy diversos, aunque pueden también compartir parte de esos objetivos. Como sea, los movimientos de la sociedad civil apelan a que una parte de la población, de los ciudadanos, se movilice en pro de la defensa de sus derechos, sean políticos, económicos o sociales. Esos movimientos, puede decirse, se han transformado a la par que las demandas se han

hecho más diversas: políticas, de participación en la conformación del poder del Estado, sociales o económicas. También es cierto que, en diferentes momentos de la historia se ha criticado o visto con suspicacia a los movimientos sociales. Desde la perspectiva marxista, por ejemplo, se les criticaba por no tener un claro sentido clasista, por no representar la lucha revolucionaria de la clase obrera, por buscar reformismo más que revolución. Desde una perspectiva que recupera ideas de José Ortega y Gasset, los movimientos sociales pueden equipararse al movimiento de las masas que, como tales, sólo pueden expresarse de modo violento y sin objetivos claros: ¿Pueden las masas actuar de manera no violenta en política? ¿Pueden las masas dar dirección a una lucha política sin ser secuestradas sus demandas por otros actores políticos que simplemente aprovechan sus luchas y

demandas? Desde una perspectiva más actual, con la globalización como contexto, se pone la atención en cómo se originan y extienden estos movimientos, y se encienden las alarmas al considerar que los movimientos sociales pueden ser provocados o manipulados por aquellos que controlan la comunicación a través del ciberespacio: ¿Quién los inicia? ¿Quién los promueve? ¿Qué intereses u objetivos buscan más allá de los declarados explícitamente? ¿Qué relación tienen las organizaciones locales o nacionales que promueven estos movimientos con organizaciones transnacionales o globales, o incluso con gobiernos extranjeros que buscan influir en otros países? Al igual que otros fenómenos de reivindicaciones y luchas populares, los movimientos sociales han llegado a ser normalizados, marginalizados e incluso controlados por el Estado o los poderes

fácticos. Analizar y estudiar los movimientos sociales debe llevarnos a conocerlos, comprenderlos en su contexto y categorizarlos, pues es su diversidad y su complejidad un reflejo de la diversidad y complejidad de nuestro país y de nuestro mundo.



*Profesor de planta del Departamento de Ciencia Política y Relaciones Internacionales del Tecnológico de Monterrey.Ha publicado en diversos diarios y revistas sobre temas de actualidad e historia de América Latina y México, y sobre civilización y cultura occidental.










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