• Guillermo Gutiérrez Nieto

El Momento de la Diplomacia Científica

Guillermo Gutiérrez Nieto*


*Esto es un articulo de opinión y no representa la opinión de la revista Global Lens y el Tecnológico de Monterrey



La diplomacia científica es añeja y encuentra su raigambre en las estrategias de reconstrucción de los países europeos después de la segunda guerra mundial. Su consolidación, no obstante, la encontramos durante la guerra fría en ejemplos específicos de cooperación como el Laboratorio Europeo de Investigación Nuclear (CERN), auspiciado por la UNESCO como puente para la investigación científica; la cooperación espacial que permitió establecer relaciones en órbita entre astronautas estadounidenses y soviéticos, o el Tratado Antártico de 1959, que representa un hito de la diplomacia multilateral para la protección del medio ambiente.


Posteriormente su desarrollo fue a la par del creciente número de actores y temas en la diplomacia tradicional, lo cual ha motivado nuevas variantes de relación entre los países. El Reporte de la Ciencia (Science Report) 2010, de la UNESCO, subrayó la rapidez con la cual el mundo adoptaba estrategias de crecimiento económico y de desarrollo sustentable basadas en el uso de la ciencia, la tecnología y la innovación.


Como aspecto sustantivo, ese documento describió un escenario en el cual nuevos países se estaban integrando a la carrera del desarrollo de políticas tecnológicas y científicas para mejorar sus investigaciones académicas y la innovación, ello con el objetivo de mejorar su competitividad, resaltar el prestigio de su “marca país” y reafirmar sus lazos con otros países a través de estos mecanismos.


Otras instituciones que han hecho aportaciones al constructo teórico de esta variante de la diplomacia son la Royal Society y la Asociación para el Avance de la Ciencia de los Estados Unidos (AAAS, por sus siglas en inglés), las cuales coinciden en el uso y la aplicación de la ciencia con fines de vinculación entre países, destacando las áreas científico-tecnológicas con potencial para incrementar la cooperación internacional.


En su connotación más amplia, la diplomacia científica incluye tres variantes:


  1. Ciencia en la diplomacia (science in diplomacy), que rescata el papel de la ciencia para proporcionar datos veraces y un acervo de información que sirva de sustento a los formuladores de política exterior.

  2. Ciencia para la diplomacia (science for diplomacy), que es una herramienta de “poder blando” para moldear los diálogos internacionales y establecer nuevos canales de comunicación entre países. Su objetivo es promover los propios logros en investigación y desarrollo a fin de aumentar el atractivo para la comunidad científica extranjera y el prestigio en el ámbito internacional.

  3. Diplomacia para la ciencia (diplomacy for science), que involucra los esfuerzos gubernamentales para incentivar la participación de diferentes actores en el desarrollo de la ciencia, la tecnología y la implementación de estos conocimientos en la innovación.


Como es un tema que repercute mayormente en los Ministerios y representaciones de los países en el exterior, las buenas prácticas y los ajustes en estructura y operación se han convertido, desde hace años, en objeto de estudio para impulsar las agendas nacionales en este ámbito.


En el camino que ha recorrido esta variante de la diplomacia resulta natural que la vanguardia en cuanto a modalidades y prácticas la asuman los países desarrollados, sin embargo, en época reciente Estados con crecimiento medio también han decidido utilizarla como una herramienta de política exterior. De las manifestaciones que se observan en la actualidad destacan:


  • Nombramiento de asesores o establecimiento de algún consejo de asesores sobre estos temas al interior de los ministerios de asuntos exteriores (incluso hay una red de colaboración entre estos personajes: Foreign Ministries Science and Technology AdvisorsNetwork);


  • Apertura de representaciones diplomáticas en ciudades o regiones donde se encuentran empresas de vanguardia en esos temas (práctica denominada Techdiplomacy, ejercida por los Tech Ambassadors)


  • Envío de científicos o tecnólogos a las Embajadas y Consulados y vinculación con investigadores radicados en el exterior (principalmente en países con comunidades grandes radicadas en el exterior: China, India, México, entre otros).


El caso de México es paradigmático ya que, a diferencia de otros países latinoamericanos, hasta época reciente puso en práctica una estrategia de diplomacia científica. Sin escatimar el trabajo de los agregados de cooperación técnica-científica acreditados en todas las Embajadas, los programas que en este ámbito coordinada la Agencia Mexicana de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AMEXCID) y la vinculación que realiza el Instituto de los Mexicanos en el Exterior con las diásporas profesionales en el mundo, es hasta 2019 cuando se establece, al interior de la AMEXCID, el Consejo Técnico del Conocimiento y la innovación (COTeCI), cuyo objetivo es fomentar el conocimiento científico, el desarrollo tecnológico y la innovación a fin de consolidar a México como destino y referente de generación de conocimiento.


En el ámbito global, es evidente que el ejercicio de la diplomacia científica se ha incrementado y diversificado en los últimos años. La gama de variantes es amplia en y el tema es parte también de las agendas de varios organismos multilaterales (Cumbre Iberoamericana y G20, son paradigmáticos). Sin duda la diplomacia científica es una herramienta de política exterior con la cual un país puede sustentar sus posicionamientos respecto a la agenda internacional, fortaleciendo así su credibilidad e integridad en el escenario internacional.




*Licenciado en Relaciones Internacionales (UNAM). Maestro en Administración (e-TEC) y Doctor en Administración Pública (INAP). Miembro del Servicio Exterior Mexicano desde 1992. Actualmente es Jefe de Cancillería en la Embajada de México en Arabia Saudita.