• Indira Sánchez Bernal

El dominio en las corporalidades de las mujeres afganas: entre la victimización y la resistencia.

Indira Sánchez Bernal*


El 31 de agosto de 2021 las tropas estadounidenses se retiraron del suelo afgano y con ello se desencadenaron una serie de procesos políticos inciertos a nivel nacional, regional e internacional. A nivel nacional el arribo del grupo talibán plantea el desafío de la consolidación estatal, de la unificación de los diversos grupos étnicos y religiosos, así como la necesidad de un ordenamiento político y económico, que devenga en una vida digna para los y las afganas. A nivel regional, tenemos las nuevas alianzas políticas-gubernamentales y no gubernamentales, en donde India, Turquía, Pakistán, Irán y los países de Asia Central son claves para entender el nuevo tablero de ajedrez y, a nivel internacional, la geopolítica se reestructura con la participación de China, de Rusia, de Estados Unidos, y de los actores no estatales como las agrupaciones terroristas. Asimismo, podemos anexar a los niveles de análisis mencionados, el tema de las mujeres afganas, que ha preocupado tanto a medios de comunicación “occidentales”, quienes han sido portadores de percepciones sobre las mujeres afganas como víctimas constantes del poder talibán y como incapaces de generar agencia.

Apenas, hace unos meses, el 10 de mayo del 2021, una escuela de niñas fue atacada en Kabul, en donde fueron asesinadas 25 estudiantes; pero, en aquel entonces, las noticias sobre la pandemia y la enfermedad de la Covid 19 pesaban más en las noticias internacionales, que la situación de opresión y de dominio que sufrían los cuerpos de las niñas y de las mujeres afganas. Por qué entonces, ahora que se retiran las tropas estadounidenses, sí emana una narrativa hegemónica, en donde las mujeres afganas deben de ser salvadas del poder talibán. La gran pregunta gira en torno a ¿por qué ahora sí es importante visualizar a las mujeres afganas, cuando en 20 años de intervencionismo la situación económica, política y social de las mujeres mejoró tan poco en Afganistán? La respuesta estriba en que las mujeres afganas han sido una fuente de instrumentalización política por parte de los talibán, pero también, de Estados Unidos. Al gobierno de los Estados Unidos haber construido la imagen de la mujer afgana musulmana vulnerable, le ayudó a validar una intervención; mientras que el poder talibán ha ejercido un dominio sobre el cuerpo de las mujeres, evitando la reproducción de la vida, el eros que mueve la voluntad de las mujeres y despojando a comunidades enteras de sus tradiciones y culturas.

Las mujeres afganas y musulmanas en general, vistiendo hijabs, --mellfahs, chafchafs, burkas, niqabs, han sido, por una parte, objetivizadas, por ser consideradas exóticas, místicas y herméticas, y; a la vez, victimizadas por considerarlas presas de la opresión patriarcal islámica. Se ha realizado una construcción social, un colectivo imaginario, un mito, sobre las mujeres musulmanas como seres constantemente oprimidos y en un estadio de dependencia; esta victimización ha ayudado a que las mujeres inmersas en la cultura euro estadounidense parezcan más emancipadas, más libres y actuando en un espacio de superioridad, pese a que pueden estar inscritas en los mismos marcos patriarcales.

No sólo la vestimenta de las mujeres musulmanas ha sido objeto de crítica, sino que la vestimenta se vincula a fenómenos como la poligamia, la lapidación, la ablación; procesos todos, considerados como una violación flagrante a los derechos humanos y como una parte intrínseca a la práctica del Islam.

La hiyabofobia se relaciona directamente con la idea de un Islam arcaico, retrógrado, tiránico, del cual deben de ser salvadas las mujeres musulmanas y el objetivo es emanciparlas de su religión. Incluso, los movimientos feministas blancos “occidentales” han cometido el error de generalizar las nociones de opresión y de sumisión en las mujeres musulmanas, cayendo en una estructuración monolítica del patriarcado.

Asimismo, los medios de comunicación occidentales, vinculados con los aparatos ideológicos hegemónicos, han propagado, la imagen de mujeres musulmanas vulnerables, ignorantes, religiosas, pasivas y dominadas por su contexto; logrando edificar un discurso generalizante de las mujeres musulmanas, el cual no permite visualizar las historias de mujeres musulmanas en la cotidianidad; mujeres que luchan, que se inscriben en el ámbito socio-político o que incluso tienen un empoderamiento en el espacio religioso, que se mueven en espacios locales, nacionales, transnacionales y de formas diaspóricas. Las narrativas “occidentales” tienden a hablar por las mujeres musulmanas, acallando sus voces y enmarcándolas en un grupo homogéneo de mujeres oprimidas, quienes son fieles seguidoras de una tradición religiosa.

Me parece que es momento de empezar a visualizar las historias de mujeres afganas que retan las narrativas salvacionistas y que desafían al poder talibán. Nombres como Fariha Esar, Rahima Radmanesh, Shukira Mashaal tienen que ser seguidas, ya que ellas encarnan un activismo constante, que defiende los derechos de las mujeres afganas al interior de Afganistán. También, las expresiones en la calle de Shamsia Hassani, nos recuerda que las formas de resistencia son amplias, que a veces a través de un grafiti se domina un espacio público, que las mujeres que prestan sus patios para darle educación a las niñas afganas, aunque pareciera una acción pequeña, se convierte en un re existencia en la cotidianidad.

Este artículo es un llamado a que escuchemos las voces de las mujeres afganas, de las universitarias, de las activistas, de las campesinas, de las pastoras, de las hacedoras de ladrillos, de las educadoras, de las religiosas, de todas aquellas que han llevado a cuesta una doble lápida de opresión, que ha provocado su exclusión y su racialización. Las mujeres afganas no son débiles y no tienen por qué ser víctimas eternas, ciertamente se reconstruyen en un espacio complejo, pero cada vez son más conscientes de su proceso de sujetización.

Ante la burda generalización que hace el discurso salvacionista euro estadounidense de las mujeres afganas y la construcción de la ontología del marginado en este caso, de las marginadas, así como de la islamofobia epistémica, me parece prudente, realizar una desmitificación de la “mujer musulmana afgana”. Los silencios no sólo se generaron con la pandemia, sino que vienen de tiempo atrás y es responsabilidad de todos y todas comenzar a hacer ruido.





*Profesora Asociada de Tiempo Completo en el Tec de Monterrey, miembro del Sistema Nacional de Investigadores y coordinadora de la Semana de Medio Oriente y Norte de África en México.











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APA 7: Sánchez, I. (2021, Septiembre,1). El dominio en las corporalidades de las mujeres afganas: entre la victimización y la resistencia.Global Lens. https://www.globallens.mx/post/el-dominio-en-las-corporalidades-de-las-mujeres-afganas-entre-la-victimizaci%C3%B3n-y-la-resistencia


MLA 8: Sánchez, I. “El dominio en las corporalidades de las mujeres afganas: entre la victimización y la resistencia” Global Lens, 1 Septiembre, 2021, https://www.globallens.mx/post/el-dominio-en-las-corporalidades-de-las-mujeres-afganas-entre-la-victimizaci%C3%B3n-y-la-resistencia


Chicago: Sánchez, I. “El dominio en las corporalidades de las mujeres afganas: entre la victimización y la resistencia” Global Lens, 1 Septiembre, 2021, https://www.globallens.mx/post/el-dominio-en-las-corporalidades-de-las-mujeres-afganas-entre-la-victimizaci%C3%B3n-y-la-resistencia