Comunicar: impulsar diálogos de transformación social y ambiental.

Guillermo Lozano Leo*


El 22 de abril se conmemora el Día de la Tierra, oportunidad para reconocer la importancia de atender como sociedad global los mayores retos derivados de la crisis ambiental, hoy particularmente vinculados a Cambio Climático. Es un momento que puede estar guiado por algunas preguntas detonadoras tales como: ¿cómo elevar el discurso para construir plataformas de comunicación que impulsen cambios pertinentes para los tiempos que vivimos?


Cada año parece que el tiempo se agota y nos acercamos a un punto de no retorno. No es secreto que la agenda ambiental-económica-social atraviesa un momento crítico derivado de los efectos visibles del Cambio Climático en diferentes regiones del globo, desde el Pacífico sur hasta Europa. Sin embargo, cómo algo que parece ser tan evidente, que se encuentra tan presente en el imaginario colectivo, que observamos en campañas publicitarias de organismos internacionales, marcas, medios, está tan lejos de algunos espacios de toma de decisión. Es en este contexto en donde debemos de señalar la diferencia entre informar y comunicar para promover la transformación.


La llamada “era de la información” parece estar enmarcada por diferentes fenómenos sociales, entre ellos el de poseer multiplicidad de recursos tecnológicos para facilitar la conectividad, vincularnos, crear espacios colaborativos, pero ¿qué tanto esto nos ha catapultado a formar comunidades que impulsen el cambio?, especialmente en una era en la que la supervivencia de muchas especies, incluida la humana esta en riesgo. Poseer información se ha hecho fácil, gestionarla no tanto.


Para ilustrar lo anterior, durante la Pandemia por la COVID-19 se hizo evidente el alcance y facilidad con el que la información falsa puede ser difundida, lo sencillo que es para teóricos de conspiración radicalizar el discurso en redes sociales; y cómo el pensamiento crítico se confunde con la anti-ciencia. La propagación de información falsa o radical supone un desafío para las sociedades actuales al mermar la capacidad de entender los retos globales y, por ende, el poder participar activamente en su atención desde una ciudadanía activa.


En meses pasados Adam McKay y su cinta “Don´t Look Up” dividieron a la crítica y a la audiencia, por una propuesta sarcástica del comportamiento humano occidental ante las crisis, valiéndose de la alegoría del impacto de un meteorito para ilustrar la pobreza de reacción de los seres humanos en la era de la información. Más allá de la valoración cinematográfica, la cinta es una provocación para preguntarnos como sociedades ¿qué estamos haciendo con todas las herramientas de comunicación e información que tenemos a nuestro alcance?


Enarbolar mensajes no es comunicar per se, desde las ciencias relacionadas con la comunicación se debe de reflexionar sobre la calidad, pertinencia y relevancia de los diálogos que se desean promover, pues esa es la relevancia social de la profesión. Poner en común nunca fue tan relevante como en este punto de la historia, en donde la radicalización y discursos de odio están ganando terreno nuevamente, en un tiempo en donde el margen de error es reducido.


Las ciencias relacionadas con la comunicación proveen herramientas que permiten la interlocución de ideas, diálogos, debates, acuerdos y desacuerdos; facilitan la participación entre diferentes grupos de interés. Comunicar es promover diálogos de aquello que es importante para un grupo, de aquello que le pone en peligro o que representa una oportunidad para su progreso y desarrollo. Los tiempos actuales son una oportunidad para desde la comunicación impulsar los diálogos de transformación en materia ambiental, una oportunidad que no debería dejarse pasar.


La comunicación para el desarrollo promueve la participación, la movilización, generación de aprendizaje, brinda acceso; es aquí en donde debemos de reflexionar sobre qué tanto las ciencias de la comunicación están contribuyendo a estos fines en el marco de la Crisis Climática. Parte del trabajo del profesional de la comunicación es impulsar diálogos que mejoren la vida en el Planeta, no solamente para la especie humana, sino para todos los pasajeros de este. La firma del Acuerdo de Paris es uno de los ejemplos de cómo impulsar espacios colaborativos incluyentes a favor de la agenda ambiental.


Promover una comunicación hacia el desarrollo social y ambiental supone en alternativa rica en soluciones. Una en la que los diferentes grupos comunitarios encuentren plataformas para hacer escuchar su voz e impulsar los cambios necesarios. Es importante el voltear los sentidos hacia todos los grupos: comunidades indígenas, personas con discapacidad, niñez, juventudes, adultos mayores, desplazados climáticos e impulsar espacios genuinos de participación incluyentes con absolutamente todos los grupos de interés. La polarización de los discursos lleva a soluciones perecederas que carecen de fundamentos en lo local y que tienden a sobre simplificar las soluciones. Debemos de navegar a través de la complejidad de los retos socio ambientales y desde esa óptica plantear soluciones también complejas que incluyan todas las voces.


Los próximos años y el futuro de este Planeta, estarán determinados por las decisiones que tomemos como sociedades hoy. Los caminos por los que decidamos transitar y con quiénes decidamos hacerlo. El Día de la Tierra es una ocasión para reconocernos como comunidad de este Planeta. El panorama parece incierto y a veces desalentador, sin embargo, las ciencias vinculadas con la comunicación y los profesionales que las ejercen pueden ser parte de los convocadores hacia diálogos de transformación en donde decidamos en comunidad navegar hacia futuros sostenibles y justos para la Tierra y todxs sus habitantes.






*Profesional de las Ciencias de la Comunicación especialista en Asuntos Humanitarios y Resiliencia ante Desastres, ha colaborado en diferentes organizaciones de la sociedad civil impulsando la agenda de sustentabilidad. Actualmente es Director de Sustentabilidad en Cenaced AC.