• Are democracies failing us?

¿Democracias fallidas o fallo a la democracia?

Michelle Nájar*



La democracia es el manto bajo el que se cobija la libertad del pueblo; la voz y fuerza que emanan de éste, la alimentan y llenan de vida, la hacen evolucionar o desaparecer como el ave fénix casi hasta las cenizas para renacer con más fuerza y así responder a las necesidades cambiantes de una sociedad que demanda cada vez más de ella. Es innegable que, en estos últimos años, el mundo ha sido testigo de una crisis democrática palpable en cada rincón.


Difícilmente podemos decir que la democracia es la forma óptima de gobierno. Ya lo decía Aristóteles al referiste a ella como “la menos mala de las desviaciones”. Romántica como suena su definición, es imperfecta en todos sentidos. La historia nos cuenta como en sus más encarnadas raíces, localizadas en la antigua Grecia, se excluían a los esclavos y sirvientes de los procesos de decisión colectiva. Al final, resultaba una élite de unos cuantos la que terminaba por decidir el destino de miles, nada muy distinto al aquí y ahora de muchas naciones que permanecen al margen de la democracia plena.

Las naciones occidentales han construido sus cimientos sobre los principios estrictos de este antiguo concepto. Alexis Tocqueville en su libro La democracia en América fungió como un distinguido etnógrafo del proyecto democrático al narrar su paso por un Estados Unidos del siglo XIX. Tocqueville, como atento observador de una moderna y funcional democracia, admiró la participación de sus ciudadanos en todos los aspectos de la vida política y social, pero también se sorprendió al ser testigo de la invisibilización política de los esclavos y nativos americanos quienes vivían los efectos de una tiranía, no de una democracia[i]. Esto no ha cambiado del todo, hoy en día vemos que las minorías en todos los países luchan día a día por alcanzar igualdad y equidad; y es que, sin importar que tan democratizada se presuma una sociedad, esconde en sus confines verdades a medias y excepciones a las reglas.


Entre los muchos males modernos que aquejan a las sociedades democráticas, se encuentra como principal villana a la corrupción. Transparencia Internacional, a través de su Barómetro Global para medir la corrupción, ha llevado a cabo encuestas desde el año 2003 para identificar qué tan involucradas están las sociedades de todos los países del globo en procesos de corrupción y anticorrupción. Desde indagar si los ciudadanos participan en corruptelas o sobornos, hasta qué soluciones proponen para erradicarla. Las respuestas son interesantes, aunque en muchos casos no sorprendentes. En México, por ejemplo, el 51% de la población sostiene que ha pagado sobornos, “mordidas” coloquialmente hablando, a algún tipo de autoridad. En el caso de Suecia, sólo el 1% se declara partícipe de este tipo de actos[ii]. Esto se refleja en una realidad irrefutable: México ocupa el lugar número 124 en la lista de los países menos corruptos mientras que Suecia el número 3 según la misma Transparency International. Pero otro dato aún más interesante surge aquí. La mayor parte de los encuestados afirma que la solución al problema de la corrupción está en manos de los ciudadanos, es decir, en manos de la llamada sociedad civil. Es tarea y reto entonces el fomentar una mayor participación de ésta en los países cuyos niveles de corrupción no sólo resultan alarmantes, sino que devienen en cuestiones graves como violencia y atraso social.

De aquí, la imperante necesidad de tener gobiernos que se sientan comprometidos a responder de forma puntual y efectiva a los reclamos sociales, sabiendo que, de no hacerlo, una pujante y pertinente sociedad civil será poderosa al momento de hacer valer el contrato social. Sólo construyendo una cultura de la participación ciudadana informada y tenaz, los países recuperan o ganan altos niveles de democratización que se ven reflejados en todas sus esferas. En la actualidad vemos que, gracias a las redes sociales y su fácil acceso, el mundo se comunica con efectividad y rapidez, cuestión que ha impactado dramáticamente al activismo social. Pocas cosas permanecen fuera de la lupa del internet. Todos y todas somos partícipes del proceso de comunicación y millones formamos parte de un cúmulo de protestas en pro de injusticias sociales tales como el racismo, el cambio climático y hasta la preservación de la memoria histórica que provoca que los pueblos eviten caer de nuevo en situaciones de anarquismo. Entonces, si queremos sociedad más democráticas y justas, no nos queda más que participar, informarnos, buscar alternativas y exigir, exigir que se cumpla ese tan nombrado pacto entre gobernantes y gobernados.

[i] Alexis de Tocqueville, La democracia en América [1835], Volumen 1, Segunda Parte, Capítulo I. [ii] Transparency International (s.f.) Global Corruption Barometer. https://www.transparency.org/en/gcb/global/global-corruption-barometer-2017











*Licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey y Maestra en Estudios Humanísticos por la misma institución.

Actualmente, es directora de la entrada de Ciencias Sociales (DERI) en campus Estado de México.Como profesora, imparte materias relacionadas con Historia de los siglos XIX, XX y XXI, filosofía política, poliítica exterior, análisis histórico, historia de género, entre otras.