• Adriana Gómez Chico Spamer

Emprendimientos desiguales y desigualdad para emprender


Adriana Gómez Chico Spamer*


Desde hace algunos años, es cada vez más común escuchar los términos emprendimiento

social e inversión de impacto. Emprender se trata de diseñar, poner y sostener en marcha

un nuevo negocio. Un emprendimiento social es aquel en que ese negocio no solamente

tiene un fin económico (generar rendimiento financiero), sino un fin social. En realidad,

reconociendo la estrecha relación entre fines sociales y ambientales, se utiliza el término

emprendimiento social para aquellos emprendimientos que buscan equilibrar el fin

económico, el social y el ambiental. Podemos pensar, por ejemplo, en emprendimientos

que han logrado acercar servicios de salud a grupos poblacionales de bajos ingresos; o

biodigestores a diversas comunidades rurales; o que brindan la oportunidad de mejorar sus condiciones de vivienda, entre otros.


La inversión de impacto lleva capital a los emprendimientos sociales. Los inversionistas de

impacto esperan un equilibrio entre el rendimiento financiero de sus inversiones y el

impacto social y ambiental que generan. Más que otros instrumentos financieros, la

inversión de capital suele llevar a los emprendimientos una serie de relaciones y

conocimientos que también los beneficia.


Con lo dicho hasta aquí, podemos afirmar que es deseable hacer crecer y fortalecer el

ecosistema de emprendimiento social e inversión de impacto en México. También podemos afirmar que al atender problemáticas como las que se han mencionado, los

emprendimientos sociales contribuyen a la reducción de algunas desigualdades.


Sin embargo, es importante distinguir entre unos emprendimientos sociales y otros, así

como reconocer que ni la inversión de impacto ni otros mecanismos financieros logran

abarcar todos los emprendimientos que requerirían de ellos. Existen emprendimientos

sociales desiguales y desigualdades para emprender socialmente.


Para empezar, hablar de equilibrio entre fines económicos, sociales y ambientales, nos

transmite la idea básica de que los tres deben estar presentes de manera balanceada. Pero,¿cómo se da ese balance? ¿Cómo sabemos si están equilibrados tres fines que tienen

métricas tan dispares? Entre los emprendimientos sociales, hay algunos que generan altas

tasas de retorno además del impacto social o ambiental. Este tipo de emprendimientos

podría acceder a otras fuentes de inversión no necesariamente de impacto. Otros, en

cambio, generan un rendimiento financiero moderado, pero logran un alto impacto social

o ambiental. Estos requieren de la inversión de impacto; mecanismos financieros que

también persigan fines sociales o ambientales y se adecúen a proyectos con menor

rendimiento, o incluso de filantropía para ciertas etapas o aspectos del proyecto.


En muchos casos, existe un trade off entre los fines social y ambiental y el fin económico;

por ejemplo, el trade off en torno al establecimiento de precios. Una empresa que

solamente tenga un fin económico, establecerá el precio en función de la maximización de

los ingresos por venta y, por lo tanto, las ganancias. Estaría dispuesta a disminuir el precio,

solamente en la medida en que la mayor cantidad vendida gracias a esa disminución, hiciera que los ingresos por venta aumentaran. En cambio, una empresa que además persiga fines sociales, podría estar dispuesta a bajar el precio, a pesar de que el incremento en la cantidad vendida no fuera suficiente para dar como resultado un aumento en los dichos ingresos.Podría sacrificar parte de las ganancias para que dará acceso a determinado bien o servicio a la población de menores ingresos.


De las decisiones en torno a ese trade off tomadas por los emprendedores y los inversionistas, se desprende una amplia gama de emprendimientos, por así llamarlos, más o menos sociales (ambientales) dentro de lo social. Si bien la forma y el grado en que los emprendimientos sociales contribuyen a la reducción de la desigualdad es distinta en cada caso, cabe afirmar que los más sociales entre ellos, pueden tener un impacto mayor. Requieren por lo tanto a los más sociales entre los inversionistas de impacto o una mezcla

de inversión de impacto con recursos filantrópicoslo cual significa una mayor dificultad para obtener recursos.


El término economía social es menos popular que el de emprendimiento social. A veces se

piensa que no hay distinción entre uno y otro. En cierto sentido, cabría decir que la

economía social es un tipo particular de emprendimiento social, pues las empresas de

economía social tienen al mismo tiempo fines económicos, sociales y ambientales. Pero

tienen en el centro una característica que las distingue claramente: la propiedad social o

colectiva, es decir, la participación en la propiedad de las personas que contribuyen con su trabajo en la empresa y/o en alguna parte de la cadena productiva. De esta manera,

adicionalmente al impacto social o ambiental logrado con su producto o servicio, hay un fin

social inherente a la forma de propiedad y organización. Las empresas de economía social

surgen para generar empleos dignos, estables y bien remunerados, lo cual es una forma de combatir la desigualdad desde las raíces.


Las empresas de economía social no están exentas de los trade offs que se han mencionado. En México, por ejemplo, muchas empresas de economía social surgen en comunidades rurales, con altos niveles de pobreza, entre desventajas geográficas, donde a veces también faltan los conocimientos y relaciones para iniciar un negocio. Si su objetivo fuera solamente maximizar el rendimiento, instalar ahí una agroindustria (por mencionar una posibilidad) no tendría sentido. Sin embargo, desde el punto de vista social, puede tener sentido generar ahí esos empleos. Hasta ese tipo de empresas hay que llevar la inversión, si queremos generar un mayor impacto y reducir desigualdades.






* Actualmente es profesora de cátedra en el Tecnológico de Monterrey. Además, es consultora independiente; realiza proyectos de consultoría, investigación y

docencia relacionados con economías incluyentes, solidarias y sostenibles.

Por último, trabaja para Parabox Consultores en donde realiza proyectos formativos y de consultoría relacionados con la economía social y solidaria y el desarrollo.